Tu derecho a la privacidad
No tienes que contarle a todo el mundo. La privacidad sobre tu salud es tuya.
Tu información de salud es tuya. Punto.
No tienes obligación de contarle a tu familia. Ni a tus amistades. Ni a tus compañeros de trabajo. Ni a personas que te conocen casualmente.
Solo a quien tú elijas, cuando tú elijas, en los términos que tú decidas.
La presión social de “tienes que decirlo a todos” es estigma con cara de transparencia. La transparencia real es la que tú eliges.