El estigma no vive en tu cuerpo, vive en las palabras
Reflexión sobre cómo el peso emocional viene del lenguaje social, no del virus en sí.
El virus es pequeño. Las palabras que lo rodean son grandes.
“Infectado”, “sucio”, “marcado”, “para siempre”, “promiscuo”. Ninguna de esas palabras describe lo que pasa en tu cuerpo. Describen lo que la cultura aprendió a decir sobre algo que en realidad afecta a la mayoría.
Cambiar las palabras que usas contigo mismo cambia cómo se siente vivir con HSV. “Persona con HSV”. “Convivo con HSV”. “Tengo un brote ocasional”. Esas frases también son verdad. Y pesan menos.